miércoles, 15 de abril de 2015


PROGRAMA: Aztlan Paraíso Perdido. Atlatzin El Caballero del Agua




Guerrero águila en cerámica. Mexico, 1440–1469 d.C.
Museo del Templo Mayor, Ciudad de México.

Los Guerreros Águila eran guerreros solares, diurnos. Eran iniciados en la cara masculina del conocimiento. Pero así como hay luz de día, hay luz en la obscuridad. Su labor en el ejército era la de incursionar en los campos enemigos como espías o entregar mensajes de guerra.

Su uniforme era colorido, cubierto de plumas, en las piernas de este guerrero llevaban una banda de piel, y en la cabeza usaban cabezas de águilas, o diseños con cabezas de águilas. Las armas que utilizaban eran las atlatl (lanza-dardos), arcos, espadas y otros tipos de dagas. Las espadas mexicas eran las macahuitl (garrotes de madera con puntas de obsidiana), las cuales eran muy filosas, pero se desgastaban o quebraban fácilmente.

El Guerrero Águila emprende el vuelo y desde las alturas, con una vista majestuosa e impresionantemente precisa, aprende a vivir, para sí mismo y por el bien de su comunidad.

La obscuridad del día nos impide ver las estrellas y por ello en la antigüedad se pensaba que el sol mataba a las estrellas. El Guerrero Águila aprende a moverse en esa oscuridad del día.




HUEHUETÉOTL-XIUHTECUHTLI, EL VIEJO DIOS DEL FUEGO






Tonalnepantla- Xiuhtecuhtli "Energía central" (paso del Sol por el Cenit)

Con toda seguridad uno de los mensajes más importantes que dejaron escrito para nosotros nuestros ancestros, está relacionado a no dejar de ser conscientes que pertenecemos a un organismo gigantesco llamado Universo, en donde basado en sus propias leyes de funcionamiento venimos a cumplir con un papel trascendental en el equilibrio de la existencia.











Impactantes piezas arqueológicas halladas en México de la presencia extraterrestre con una antigüedad mayor de 8000 años. Presentado por el periodista e investigador Daniel Muñoz en el programa Al Rojo Vivo de la Cadena Telemundo Internacional. 30 de abril 2015.




FOTOGALERIA





















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Tezcatlipoca


Tezcatlipoca en la mitología mexica (y otros pueblos mesoamericanos de habla náhuatl), es el señor del cielo y de la tierra, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, origen del poder y la felicidad, dueño de las batallas, omnipresente, fuerte e invisible.




Entre los nahuas, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son dualidad y antagonía. Quetzalcóatl es llamado también Tezcatlipoca blanco en tanto que el color de Tezcatlipoca es el negro.





Cuenta la leyenda que Tezcatlipoca vagaba por las noches bajo la forma de un gigante, envuelto en un velo y llevando su cabeza en la mano. Los miedosos morían al verlo, pero los valientes lo agarraban y le decían que no lo soltarían hasta la mañana. El gigante suplicaba que lo soltaran. Si el hombre conseguía retener al monstruo hasta el amanecer, éste le ofrecía riquezas y poderes para que lo dejara partir. Entonces el hombre recibía cuatro espinas, le arrancaba el corazón y se lo llevaba a su casa. Pero al desdoblar la tela en que lo había metido sólo encontraba plumas blancas o una espina o ceniza o harapos.


Tezcatlipoca era el gran enemigo de Quetzalcóatl, cuyo mito evoca una gran lucha. Tezcatlipoca sólo deseaba la destrucción de los toltecas de Tula, es decir, de aquellos que veneraban Quetzalcóatl antes de llegar a ser, luego de la caída de los toltecas, una de las principales divinidades aztecas.

Un día, los habitantes de Tula vieron entrar en la ciudad a tres brujos, uno de los cuales era Tezcatlipoca bajo la apariencia de un hermoso joven. Éste sedujo a la sobrina de Quetzalcóatl, hija del rey Uemac, y en una gran fiesta bailó y entonó un canto mágico. Pronto fue imitado por un gran número de toltecas, a los que condujo hacia un puente que se hundió por el excesivo su peso, haciendo caer a la mayoría al río, donde fueron convertidos en piedras. Después apareció haciendo bailar en su mano un muñeco.
Maravillados los toltecas, se amontonaron tanto para ver el espectáculo prodigioso, que muchos murieron asfixiados. Entonces les dijo que debían matarlo por los males que había ocasionado. Lo mataron, pero enseguida su cuerpo empezó a exhalar un fuerte olor que hacía que muchos toltecas murieran. Después de tantas pérdidas, consiguieron echarlo de la ciudad cuando ya casi la había arruinado.

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Descubrimiento de Atlatzin, el caballero del agua, fue localizado en Ojuelos Jalisco en Marzo de 2014, observando gran deterioro y por estar a la intemperie nueve meses colgado en una barda. Al parecer no es un solo ser, si no que hay huesos que corresponden ha diferentes edades, pudieran tratarse hasta tres seres de la misma especie. Creemos que el esqueleto completo media de 2 Mts 30 Cm a 2 mts 50 cm.




Sorprendente piezas que dan muestra de seres alieniginas

lunes, 13 de abril de 2015


Conferencia “Aztlán, La Cultura Aztecalienigena” dirigida por el Dr. Pablo Enrique García Sánchez. 

FOTOGALERIA: CONFERENCIA DIRIGIDA POR EL DR. PABLO ENRIQUE GARCÍA.
 En esta conferencia se exhibieron varias muestras de piezas encontradas en Ojuelos Jalisco por la Asociación Nahui Ollin.



En la Exposición de Piezas con Fernando Correa
 Se destaca en esta conferencia la asistencia de Fernando Correa quien es el astrónomo y actual jefe de información de Tercer Milenio, reportero e investigador del equipo que encabeza Jaime Maussan.





Jose Angel Villalobos, miembro del Equipo Aztlan Paraíso Perdido

 Esta conferencia se realizó en la Cuidad de México en el salón del Hotel Marbella.




miércoles, 8 de abril de 2015

Piezas arqueológicas encontradas en el cerro del Toro


El Dr. Pablo Enrique García Sánchez, investigador y conductor del programa,  Aztlan Paraíso Perdido muestra  los de restos biológicos de un cráneo posiblemente alienígena encontrado en la región Totonaca de Veracruz.








Piezas arqueológicas encontradas en el cerro del Toro, Ojuelos Jalisco por la Asociación Nahui Ollin. 










FOTOGRAFIAS: la aplicación de distintos métodos de análisis respalda la autenticidad de las piezas mostradas. Estudios en poder de la Asociación Nahui Ollin. 

http://aztlanparaisoperdido.com/

https://www.facebook.com/aztlan.paraiso

https://www.facebook.com/pabloenrique.garciasanchez?fref=ts

https://www.youtube.com/watch?v=HpIZQVCi3DY





lunes, 6 de abril de 2015

EL REINO DE MOCTEZUMA


El Destino de los Hombres


En esas mismas horas de la noche, otro matrimonio, pero de condición muy humilde, aguardaba también el advenimiento de su vástago. Liebre Veloz y su mujer, Flor de Maíz, habían cumplido con los votos matrimoniales marcados por los ancianos de su barrio; los padres del joven habían solicitado ya tres veces a la muchacha para el casamiento, y solo hasta que ambas familias estuvieron de acuerdo con la rectitud, con la animosidad para el trabajo y con la convivencia de la unión, se hicieron los preparativos para unir a la pareja.

En Tenochtitlan, como en la mayoría de los poblados de la región central de Mesoamérica, las uniones matrimoniales significaban la solidez que sustentaba a la sociedad, por lo que todas aquellas ceremonias establecidas de manera  tradicional debían seguirse rigurosamente, sobre todo tratándose de los miembros más selectos de la nobleza, pues si éstos las acataban así también todo el pueblo, aunque modestamente, cumpliría con ellas.

Los padres, al tiempo en que el muchacho estaba por concluir su estadía en la escuela  (y cuando había los recursos para contratar los servicios de un casamentero), se lanzaban a la tarea de buscar una joven que tuviera poco más de quince años, y a quien sus padres hubiesen enviado al mercado para que la comunidad la tomara en cuenta en la selección de futuras esposas.


Los encargados de la elección identificaban a las muchachas en edad de merecer porque lucían su largo cabello suelto, que les cubría gran parte de la espalda; ellas debían mostrar fortaleza y buena salud, así como una actitud diligente que honrara a sus mayores; se evitaba escoger a aquellas que perdían el tiempo, que fueran coquetas o que expresaran su alegría con grandes risotadas.


Cuando los casamenteros se decidían por la mejor opción, establecían contacto con la familia de la joven. Después, ambas familias tendrían la oportunidad de conocerse mutuamente, supervisando la conducta y el carácter de la joven pareja; de ahí que hasta en tres ocasiones los padres del novio acudieran con regalos, los cuales no serian aceptados sino hasta la tercera ocasión, en señal de que se aprobaba la unión de la pareja, o rechazados cuando el presunto matrimonio no convenía de ninguna forma.



Después de la ceremonia, fastuosa o humilde según la condición social de la pareja, los recién casados vivirían en habitaciones o chozas separadas de su parentela, pero dentro del espacio de su barrio.

Ya en su propio hogar, las mujeres daban a luz auxiliadas por una partera experimentada; apenas ocurrido el nacimiento los padres mandaban a llamar a los sabios sacerdotes que dictaminarían, de acuerdo con las predicciones indicadas en los libros adivinatorios, el futuro de las criaturas.



El calendario ritual estaba integrado por veinte trecenas, con deidades protectoras que actuaban de manera específica cada día, influyendo en el carácter del individuo. El sabio Tonalpouhque precisaba el día del nacimiento, que pasaba a ser automáticamente el nombre secreto de la criatura. Posteriormente, los cinco días se realizaban la ceremonia oficial en la que el niño era purificado, y en la que se entregaban, simbólicamente, las insignias de su futura actividad: armas y herramientas para los niños, o escobas, vasijas e instrumentos para el tejido en el caso de las niñas. En ese momento, mediante el manejo de semillas de color, les era otorgado también el nombre con que serian conocidos en la comunidad.



El hijo del señor escudo nació el día 1-Àguila y su destino sería el de un gran guerrero, por lo que recibió el nombre de Lluvia de Dardos; por su parte, el niño nacido del matrimonio de campesinos tendría una larga vida , pero sin grandes sobresaltos, por lo que recibió el simple nombre de Nopal Rojo…






martes, 31 de marzo de 2015

EL REINO DE MOCTEZUMA


El destino de los hombres


Una gran actividad tenía lugar en el palacio del señor Escudo. Su esposa principal, con quien había contraído matrimonio un año antes, mostraba ya los dolores del parto; toda la gente de casa estaba prevenida para el próximo nacimiento: cuando esto sucediera debía llamarse al sacerdote Lluvia Nocturna, el principal tonalpouhque de la familia. 



Él era un viejo religioso que había aprendido de su padre y de su abuelo la ancestral tradición de leer el destino de los hombres en los libros calendáricos llamados tonalàmatl.








miércoles, 25 de marzo de 2015

EL REINO DE MOCTEZUMA



El camino de Aztlán


Moctezuma y Tlacaélel se detuvieron en una de las terrazas del palacio para contemplar  la gran extensión y belleza que había alcanzado  la urbe gracias a las victorias militares y a la imposición  del tributo sobre los pueblos vencidos.

Satisfechos ante tal escena y sabedores del poder y la supremacía del pueblo mexica, entre ambos decidieron organizar una caravana integrada por sacerdotes y hechiceros, la cual tendría el cometido de retornar a Aztlán.

Tiempo después, cuando el grupo escogido se reunió con los dirigentes, sobrevino la discusión acerca de la ruta que debía seguirse para llegar al sitio desde donde partió la migración,  suceso que según los documentos ocurrió en el año 1-pedernal, es decir en el 1116 del calendario gregoriano.

Sacerdotes y hechiceros pensaron entonces que si realizaban el recorrido en sentido inverso al de la peregrinación relatada en los códices, arribarían sin problemas a Aztlán que, se decía, estaba en la región del color blanco, descrita metafóricamente como el “lugar de las garzas”.

El grupo tenía la misión de llevar valiosos presentes de plumería multicolor y ornamentos de oro y jade a los parientes que se habían quedado allá, y de invitarlos a irse a vivir a México-Tenochtitlan con las comodidades y holguras que ahora disfrutaban  sus habitantes.



Para la época de Moctezuma y Tlacaélel, a mediados del siglo xv, ninguno de los peregrinos originales vivía, más el relato del viaje había sido registrado en los códices, de los cuales el más conocido es la tira de la peregrinación, documento elaborado en papel amate que se dobla a manera de biombo. El relato pintado en el tradicional tipo de escritura de la época combina la secuencia de numerales que indican los años transcurridos, los nombres de los sitios por donde pasaron y se establecieron temporalmente los migrantes, y los principales acontecimientos que ocurrieron durante el viaje.

El periodo de tiempo que transcurrió desde la salida de Aztlán hasta la ceremonia de fundación de México-Tenochtitlan comprende 210 años, lo que significa que se cumplieron cuatro periodos de 52 años, su ciclo calendárico fundamental. En el mismo año de su partida los migrantes encontraron la imagen de Huitzilopochtli en una cueva del cerro de Culhuacán; más tarde se unieron  al éxodo ocho pueblos vecinos: los matlatzincas, tepanecas, tlahuicas, malinalcas, colhuas, xochimilcas, chalcas y huexotzincas. Fue entonces cuando Huitzilopochtli les señalo que ellos, los mexicas, deberían seguir solos hasta el final, y así lo hicieron, cargando la imagen de su dios y sus objetos sagrados, y realizando los primeros sacrificios de guerreros enemigos, por lo que recibieron las armas que les harían triunfar en las batallas. 


Todos estos eventos ocurrieron en un tiempo mitológico, imposible ya de precisar. En la reconstrucción del viaje, Tula, la ciudad fundada por Quetzalcóatl, era la primera localidad que podían ubicar con precisión los hechiceros y sacerdotes; de ahí en adelante, según el relato del recorrido, los peregrinos se establecieron en veinte sitios más antes de encontrar los islotes  donde fundaron su ciudad.

De Tula siguieron a Atlitlalaquian, donde “el agua se resumía en la tierra”; luego pasaron a Tlemaco, que se identificaba con un sahumador; a continuación llegaron a Atotonilco, cuyo nombre derivaba del agua hirviente de sus manantiales,  y a Apaxco, cuyo cono volcánico lleno de agua les recordaba una gran vasija; en Zumpango levantaron muro de cráneos, junto a Huiztepec, “el cerro de los huzaches”; de ahí pasaron a Xaltocan y cruzaron en canoas los lagos norteños de Acalhuacan. Ya en la vertiente occidental de la cuenca lacustre se establecieron en Ehecatépetl, “el cerro del viento”, y después llegaron a Tolpetlac, “donde se tejen las esteras de tule”; de ahí se dirigieron a Coatitlan, abundante en serpientes, y luego a Huizachtitlan, donde aprendieron de los chalcas el aprovechamiento del cultivo de los magueyes para la obtención del pulque. Tecpayocan fue el siguiente punto del recorrido, el cual se reconoce por los cuchillos de pedernal; más tarde arribaron a Pantitlan, un resumidero en el lago que se identificaba por sus banderas; y de ahí continuaron hasta Amalinalpan, “agua de malinalli”, territorio ya del señorío de Azcapotzalco, donde se les impidió seguir, por lo que regresaron a Pantitlan, para después pasar a  Acolnáhuac, “donde hace recodo el agua”, y cruzar por Popotla, Techcaltitlan y Atlacuihuayan, antes de llegar a Chapultepec, un cerro en medio de un hermoso bosque, donde fueron derrotados por un conjunto de pueblos enemigos que apresaron a sus jefes guías y los condujeron prisioneros a Colhuacán, donde los victimaron. En este lugar los mexicas aprendieron las costumbres de la gente del lago y después de una guerra contra Xochimilco, de la que salieron triunfantes, partieron en busca del sitio prometido para fundar en medio de unos islotes al occidente del lago de Texcoco, la ciudad de Huitzilopochtli.


En todas estas localidades vivieron varios lapsos de tiempo, en tanto descansaban, renovaban sus fuerzas y se aprovisionaban de alimentos para continuar su viaje; en ellas enterraron a sus muertos y dejaron también a los enfermos y ancianos que pudieron acompañarles.

La ceremonia del encendido del fuego nuevo, que conmemoraba la culminación de un ciclo solar de 52 años, fue realizada en cuatro ocasiones durante la peregrinación: en Tula, en Huiztepec, en Tecpayocan y en Chapultepec.


Para los enviados de Moctezuma la tarea parecía fácil; sin embargo, no fue así. De Tenochtitlan a Tula el viaje se llevó a efecto sin mayor incidente, pero de allí en adelante solo contaban con el terrible vacío de la fábula y el mito, por lo que echando mano de sus poderes ocultos los enviados se transformaron en animales feroces y así completaron su periplo, arribando finalmente a Aztlán. “Sean bienvenidos, hijos”, dijo Coatlicue a los sabios y hechiceros, quienes ante la mirada de la anciana se postraron y besaron sus manos. “El que acá nos envía es tu siervo, el rey Moctezuma y su fiel consejero Tlacaélel, con la gran misión de que buscásemos el lugar original donde habían habitado nuestros antepasados, para que supieses como él, en nombre de tu hijo Huitzilopochtli, gobierna y rige el mundo conocido en la gran ciudad de México”.




Lloraron de alegría, Coatlicue recibió los presentes enviados y les entrego a cambio tres prendas textiles, una para Moctezuma, otra para Tlacaélel, y una más para el dios sol, Huitzilopochtli.

A su regreso ya en México-Tenochtitlan, los viajeros relataron sus aventuras al gobernante, quien entonces comprendió que Aztlán no se ubicaba en ningún punto de la geografía conocida: su lugar estaba ahora, en los terrenos de la leyenda.






martes, 24 de marzo de 2015




EL REINO DE MOCTEZUMA

     El camino de Aztlán

Amanecía en México-Tenochtitlan y el sol comenzaba a iluminar los jardines del palacio por donde paseaban el tlatoani Huehue Moctezuma Ilhuicamina, supremo jerarca, y el cihuacóatl Tlacaélel, mientras evocaban el legendario y penoso recorrido que habían llevado a cabo sus ancestros desde el lejano Aztlán hasta el sitio donde encontraron el símbolo anunciado por Huitzilopochtli, su dios patrono: un águila parada sobre un nopal, con las alas extendidas, señalando el punto donde debían detener su marcha y fundar lo que sería la capital de su imperio; este hecho ocurrió a principios del siglo XIV de la era cristiana.

Texto
Felipe Solís y Ángel Gallegos

México desconocido/pasajes de la historia.